Lidanys, la historia de las hamburguesas que conquistaron Chilpancingo

Hace 35 años, una familia de Chilpancingo decidió emprender un negocio que inició con un carrito de hamburguesas; hoy, Lidanys se ha convertido en una leyenda culinaria a la que acuden cientos de personas para saborear sus recuerdos.

La historia de Lidanys comienza cuando el señor Rafael Carbajal y su esposa Eréndira Molina deciden inaugurar un carrito de hamburguesas, con el dinero de su aguinaldo, en la Feria de Navidad de Chilpancingo, Guerrero.

Para su sorpresa, y como todo negocio que acaba de abrir sus puertas, en el primer día de venta los productos fueron poco aceptados por los pobladores, quienes vieron con extrañeza un alimento que en ese entonces solo era conocido en las grandes ciudades.

El inicio de una era

Si bien, se tiene registro de que las hamburguesas conquistaron los paladares mexicanos en 1930, este alimento solo se ofrecía en los hoteles y restaurantes internacionales que solo algunos bolsillos podían pagar.

Fue hasta 1985 cuando la cadena hamburguesera McDonald’s aterrizó en nuestro país para ofrecer hamburguesas, a un precio accesible y para todo público.

“Mis papás se dieron cuenta de que en Guerrero no vendían hamburguesas con papas fritas. Fue entonces que se equiparon con herramientas, desarrollaron recetas, aprendieron un poco de cocina y partieron a la aventura de introducir este alimento a la comunidad”, cuenta Rafael Carbajal, hijo de los fundadores de Lidanys.

Anticipando la llegada de las grandes cadenas hamburgueseras fue como Lidanys introdujo el producto a tierra caliente. Inicialmente, este alimento era percibido como una “torta de carne molida cocinada a las brasas, que combinaba muy bien con un vaso de agua de horchata”.

“Lidanys se popularizó poco a poco entre la gente local por ser una oferta gastronómica ‘diferente’, porque no es comida mexicana; aunque me atrevería a decir que fue esta marca la que mexicanizó la hamburguesa. La carne sazonada, al carbón, las papas naturales y la receta es la misma desde 1986”, agrega Rafael.

Nada los detuvo

Un par de años después, la familia Carbajal Molina se expandió a una sucursal a la que después se le añadió un primer piso para atender la demanda de los comensales, quienes llegaban de ciudades aledañas los fines de semana.

Una segunda sucursal abrió las puertas en 1994; sin embargo, cuenta Rafael, la violencia del narcotráfico y el conflicto armado en Ayotzinapa puso a prueba la estabilidad alimentaria de toda la ciudad.

“Comenzó el desabasto de alimentos. Con el narcotráfico y el tema de Ayotzinapa, dejó de haber líneas de proveeduría hacia Chilpancingo; saqueaban los camiones y los comercios cerraron sus puertas. En Lidanys utilizamos carne TIF y el único rastro que había en el estado cerró sus puertas por la inseguridad. En un inicio intentamos que la proveeduría fuera solo local para tener un impacto positivo en la ciudad; pero pasaron los temas de violencia y tuvimos que depender de la Ciudad de México, donde abrimos un almacén para asegurar la venta”, agrega Carbajal.

Pese a las dificultades ajenas a la marca, los comensales propusieron la apertura de otras sucursales en otros puntos de la República Mexicana; fue entonces cuando la familia Carbajal Molina sorteó los obstáculos y decidió rediseñar la imagen para expandirse a otras ciudades.

Sueños cumplidos

Convencidos de la calidad de los productos, Lidanys abrió una cocina fantasma en el 2020 en la Ciudad de México. Con la ayuda de las plataformas digitales, la marca estaba lista para conquistar la gran capital.

“Durante la pandemia nos comprometimos con nuestros proveedores a mantener los sueldos íntegros; pero con el tiempo nos dimos cuenta de que debíamos hacer algo porque no lo íbamos a lograr. Afortunadamente las cocinas virtuales nos sirvieron para ver cómo se aceptaba el producto y los comentarios fueron positivos”.

Finalmente, Rafael y sus dos hermanas decidieron abrir las puertas de una tercera sucursal ahora en la colonia del Valle, en la Ciudad de México. El lugar, que poco a poco es conocido entre los capitalinos, ofrece las hamburguesas tradicionales con la receta de la casa, además de hot dogs gigantes; sandwiches; ensaladas; antojitos y la clásica agua de horchata. A la oferta también se sumaron cafés, frappes y malteadas con sabores de temporada.

Para Rafael este es el inicio de una nueva era en la que no compiten con las grandes cadenas hamburgueseras. «Yo siempre les digo que le den una oportunidad a los sabores y negocios locales, fundados por mexicanos. Competimos en precio, instalaciones, en calidad, en sabor y el tema es que la gente conozca que hay opciones mejores», concluye el hijo de los fundadores a manera de invitación.

  • CHILPANCINGO: Av. Miguel Alemán 22 y Av. Juárez 12, colonia Centro
  • CDMX: Concepción Beistegui 211 Col. Del Valle
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