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Productos Mexicanos

   

Para salsas, la Huichol

Por: Claudio Poblete

Si tenemos que hablar de una familia comprometida con la gastronomía nayarita y sobre todo con dar a conocer los productos de la región, tenemos que decir que los López son todo un referente en la sociedad culinaria de dicho estado.

Así lo constatan los mejores restaurantes de pescados y mariscos de todo México, pues dentro de la oferta de salsas picantes, la Huichol es una constante que se ha logrado posicionar gracias al cariño de generaciones completas dentro de esta familia, quienes desarrollaron un producto que comenzó a elaborarse sin tener una visión del proceso de producción desde el punto de vista industrial.

Como sucede con la mayor parte de los productos tradicionales en la Cocina Mexicana, la Salsa Huichol surgió a partir de una fórmula preparada para el consumo tanto de la familia, así como para servirle como condimento a las botanas del bar del cual era propietario don Cayetano López (creador de la fórmula y abuelo del actual director general), en 1927 en la ciudad de Tepic, capital nayarita.

Al paso de los años, la receta se transmitió a manos de sus hijos; y fue Francisco López (padre del actual director general) quien para 1935 la comenzó a elaborar para algunos amigos y conocidos a quienes les resultaba de un extraordinario sabor.
Entonces, se producían de 5 a 10 litros mensuales; sin embargo, aunque el producto comenzó a ser reconocido, él nunca lo explotó comercialmente, y se dedicó a su profesión de fotógrafo.

Entre los años de 1940 y 1942, la familia se trasladó a vivir a la Ciudad de México, en donde siguió elaborando pequeñas partidas de botellas para hacer entregas a domicilio.

En 1949, Roberto López Flores le sugirió a su padre que comercializaran la salsa. Ese mismo año iniciaron la empresa, con un capital de cuarenta pesos, producto de la indemnización recibida de su trabajo realizado en TABAMEX.

Con este capital se adquirió un molino de mano (similar al usado para moler maíz), cinco kilos de chile cascabel, 20 botellas de cerveza, que se utilizaban para envasar el producto, una taponadora manual usada, corcholatas y una bicicleta para realizar el reparto.

Con el crecimiento de la demanda, se vieron obligados a rentar molinos, las llenadoras pasaron a ser embudos habilitados en un tanque de 300 litros que en su extremo inferior (de forma cónica), tenía varias ramificaciones para el llenado de las botellas. El tapón era colocado por una máquina uno a uno en forma manual. Las botellas eran empacadas en cartones de aceite que compraban en las gasolineras a 15 centavos cada una.

A partir de este momento, el pequeño taller familiar se encaminaba a transformarse en una pequeña fábrica con un incipiente proceso de producción en serie.

Para 1969, ya se producían 200 cartones por día, equivalentes a 4,800 botellas diarias con un proceso casi totalmente mecanizado que eliminó mucha mano de obra. Así surgía una pequeña empresa capaz de mantener un proceso de producción en serie. En 1970, se llegaron a fabricar hasta 800 cartones al día, equivalente a 19,200 botellas diarias.

En 1972 se completó la mecanización del proceso de fabricación con la compra de una etiquetadora en línea automática, un orientadora de botellas, un taponadora automática de siete coronadores, una armadora de cartón, una empaquetadora de botellas semiautomática, y se comenzó a planear el uso de bandas sin fin para el ahorro de tiempo.

Cabe señalar que la maquinaria con la que comenzó a fabricarse esta salsa, fue lograda a base de adaptaciones de otras utilizadas en otros procesos productivos, ya que no existe en el mercado maquinaria especializada para esta actividad.

Poco a poco la empresa familiar comenzó con la exportación de salsa a España y a los Estados Unidos en forma directa. Ya de regreso en Nayarit, entre 1984 y 1985, se construyeron las nuevas oficinas, concentrando en un mismo lugar a todas las empresas del grupo.

En 1987, se instaló un laboratorio para control de calidad. Para 1988, se instrumenta un nuevo envase de plástico elaborado a base de un material de alta resistencia llamado polienteleftalato, mejor conocido por sus siglas PET.

Dicha instrumentación requirió  de la adquisición de nueva maquinaria inyectora para elaborar el envase y tapón de plástico.

Para el año de 1993 se decide instalar molinos láser, con lo cual se tiene una  molienda de mejor calidad, logrando además aumentar la producción.


En el año de 1994 se integran al proceso de producción diversas lavadoras de chiles, teniendo inmediatamente resultados satisfactorios al tener una molienda de mejor calidad, ya que lo anterior permite seleccionar los chiles para que éstos a su vez sean sólo de primera calidad.

Para el año de 1996 se adquirió una máquina envasadora de sobres, con lo cual se abre la posibilidad de poner a la venta el producto en presentación de sobres de 10 gramos.

Así, en los últimos años, la empresa ha modernizado toda su línea de producción con el fin de eficientar los procesos de molienda de chiles, envasado y producción para lograr la calidad de exportación que hoy los distingue.

En el año 2005 después de analizar diversas peticiones de los clientes, al solicitar una salsa que se pudiera utilizar especialmente para botanas, se decide retomar la marca “Salsa Cora”, teniendo la primera producción de este tipo de salsa en el mes de agosto.

Durante el año 2007, la familia López inició la búsqueda de nuevos mercados como China, donde han logrado gran aceptación, pues la Salsa Huichol es uno de los productos mexicanos que mejor viajan por los altos estándares de calidad que manejan y porque a pesar de la automatización del proceso conservan la misma receta que los ha hecho llegar a producciones de hasta 5,500 cajas diarias.

Han transcurrido ya tres generaciones de la familia López con la incorporación de Roberto y María del Refugio López López, (Hijos de Don Roberto López Flores), y la integración de Roberto López Acosta (Nieto de Don Roberto); mismas que han logrado hacer de un simple proceso artesanal, una empresa con una verdadera integración.

Al día de hoy la familia López se ha constituido como un grupo de empresas que aporta alrededor de 25 empleados al sistema laboral de Nayarit, y que cuenta con una capacidad de producción de 96,000 botellas diarias.

Sin duda  un ejemplo de empresa, una receta guardada en el sabor y la preferencia de los consumidores mexicanos e internacionales. Para nosotros en Culinaria Mexicana, fue un verdadero gusto conocer al continuador de esta tradición, Alfonso, quien es un claro ejemplo de que el trabajo en equipo y en familia los ha llevado a ser una gran empresa mexicana y nayarita.


 
 
 
 
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